

Durante el gobierno de Gustavo Petro, se multiplicó vertiginosamente la producción de coca al mundo: de 376.000 hectáreas en el mundo, 253.000 hectáreas produce Colombia, siendo el máximo productor de lejos.
Así lo dio a conocer el ‘Informe Mundial sobre Drogas 2025’ de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (ONUDD).
Colombia está en el ojo del huracán internacional tras el demoledor informe de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (ONUDD), que reveló que el país concentra más del 67% de los cultivos ilícitos de coca del planeta y lidera, sin competencia, la producción mundial de cocaína, alcanzando cifras sin precedentes.
El Informe Mundial sobre Drogas 2025, presentado en Viena, lanza una advertencia contundente: la producción de cocaína llegó a 3.708 toneladas en 2023, un aumento del 34% respecto al año anterior, y de esa cifra, 2.600 toneladas salieron de Colombia. Además, 253.000 hectáreas de coca fueron detectadas en el país, equivalentes a dos tercios del total global.
El informe atribuye este crecimiento explosivo a la expansión territorial de grupos armados ilegales, especialmente disidencias de las Farc, que han retomado el control en zonas estratégicas del suroccidente, donde ejercen autoridad, regulan economías ilegales y desafían al Estado colombiano.
¿Estamos perdiendo el control del territorio nacional?
La ONU advierte que estas organizaciones criminales —como las Farc-EP y las extintas AUC— no solo trafican cocaína, sino que gobiernan territorios, cobran «impuestos», imponen justicia propia y controlan actividades tanto legales como ilegales. El narcotráfico se ha convertido en un sistema de poder paralelo en vastas regiones del país.
El informe también revela que las incautaciones globales de cocaína llegaron a un récord de 2.275 toneladas, pero ni siquiera esa cifra sin precedentes logra frenar la avalancha. Colombia incautó más de 845 toneladas de cocaína en distintas etapas de procesamiento, junto con más de 1,3 millones de kilos de precursores químicos, como acetona, ácido clorhídrico y permanganato de potasio.
Una industria criminal sin freno
El mercado de la cocaína no solo crece en producción: 25 millones de personas consumieron esta droga en el mundo en 2023, frente a los 17 millones de hace una década. Es decir, mientras el país intenta contener una epidemia interna de violencia asociada al narco, también se ve atrapado en una red global que cada vez exige más droga.
La situación evidencia el colapso de las estrategias actuales para combatir el narcotráfico. Aunque se han desmantelado cabecillas, los grupos ilegales mutan, se fragmentan y siguen operando con la misma brutalidad. La ONU alerta que los ataques han disminuido en número, pero no en intensidad ni capacidad de daño, lo que pone en jaque los esquemas de seguridad centrados en capturas simbólicas sin control territorial.
Una bomba social, económica e institucional
El control narco sobre regiones enteras compromete no solo la seguridad, sino la institucionalidad y la vida democrática del país. Con miles de familias atrapadas entre la pobreza y los cultivos ilícitos, el Estado pierde legitimidad mientras las estructuras criminales ganan influencia política, económica y social.
¿Qué hará el Gobierno Nacional ante este escándalo mundial?
Mientras la ONU lanza la alerta más grave en años sobre la situación de Colombia en el narcotráfico global, el país enfrenta una peligrosa normalización del problema. El informe exige respuestas urgentes y estructurales, pero también cuestiona la viabilidad de seguir apelando a estrategias que no han logrado cambiar el rumbo del conflicto.
El mundo mira con preocupación. Colombia, hoy, es el epicentro del narcotráfico mundial. ¿Se tomará alguna decisión a la altura de esta crisis histórica?
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