

Dos militares muertos y 25 heridos fue el saldo del atentado con una volqueta bomba en una base del Ejército en Arauca.
El presidente Gustavo Petro anunció el cierre definitivo de las negociaciones de paz con la guerrilla del Ejército de Liberación Nacional (ELN) luego de un brutal atentado que cobró la vida de dos militares y dejó 25 heridos en una base del Ejército en Arauca. La mesa de diálogos, que inició en agosto de 2022, se encontraba ya congelada por diferencias entre las partes, pero este ataque fue la gota que colmó el vaso.
El presidente Petro declaró: «Prácticamente es una acción que cierra el proceso de paz», poniendo fin a un esfuerzo que se había deteriorado en los últimos meses, en parte por las quejas del ELN sobre el incumplimiento del Gobierno en varios puntos clave, como la exclusión de la guerrilla de la lista de Grupos Armados Organizados (GAO) y la creación de un Fondo Multidonante para desmovilizados.
El ataque que desencadenó la ruptura
El atentado ocurrió el 17 de septiembre en el Batallón de Artillería de Campaña N°18, en Puerto Jordán, Arauca. Los insurgentes utilizaron una volqueta cargada de explosivos y lanzaron 17 cilindros bomba, causando graves daños a las instalaciones y dejando a 27 soldados heridos, dos de los cuales fallecieron horas después. La evidencia apunta a que el ataque fue perpetrado por el frente Domingo Laín Sáez del ELN, bajo las órdenes de «Pablito», uno de los líderes históricos de la guerrilla.
Este atentado marca un punto de no retorno en las relaciones entre el Gobierno y el ELN, y recuerda al trágico ataque de 2019 en la Escuela General Santander, que también dinamitó los diálogos de paz en ese momento.
Tensiones previas y escalada de violencia
La decisión de clausurar las negociaciones llega en un contexto de creciente violencia. En las semanas previas al ataque en Arauca, el ELN había realizado una serie de acciones terroristas en la región, incluyendo ataques a soldados en Tame y un atentado contra un oleoducto en Saravena. Estas acciones dejaron claro que la guerrilla mantenía una postura beligerante, minando la confianza en el proceso de paz.
La aparición de una disidencia del ELN, el Frente Comuneros del Sur, también complicó las negociaciones. El Gobierno Petro decidió entablar diálogos paralelos con esta facción, lo que enfureció al comandante del ELN, «Antonio García», quien criticó duramente la decisión y aumentó las tensiones entre las partes.
El fin de las conversaciones ha generado incertidumbre sobre el futuro de los intentos de paz en Colombia, mientras se espera la reacción de los países garantes, que hasta el momento no se han pronunciado oficialmente.
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